El facsímil como herramienta de trabajo

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Detalle del Cancionero de Juana la Loca (Bibliothèque Royale de Belgique ms. IV 90)

Historia de una recuperación (II)

La primera colección de facsímiles musicales

Como apuntábamos en la primera parte de este artículo, aunque de manera variable, siempre ha habido cierto interés en la reproducción de los diferentes tipos de documentos musicales antiguos, bien con un afán de mostrar la diversidad de escrituras del pasado, bien como simple muestra del erudito conocimiento de los responsables de determinadas ediciones. En cualquier caso, los avances técnicos de finales del siglo XIX posibilitarían que, por fin, se desarrollase una técnica que iba a hacer realidad el procedimiento de reproducción de los antiguos manuscritos. En efecto, la invención de la fotografía iba a sustituir por su perfección y calidad a los incómodos -y a veces algo subjetivos- facsímiles realizados a mano por expertos copistas profesionales, como hemos podido ver en el artículo anterior. Éstos, con sumo cuidado aunque a veces adulterando algo la realidad, manuscribieron durante décadas y por encargo la copia de algunos de los mas importantes testimonios culturales de la Europa medieval. La música no sería una excepción. En 1851, el jesuita belga Louis Lambillote (+1855) publicó lo que podríamos llamar el antecedente de nuestras ediciones facsímil, el Antiphonale de Saint Grégoire: Facsimilé du manuscrit de Saint-Gall (VIIIe siècle) [1]. En realidad se trataba del Cantatorium de la biblioteca de San Galo (ms, 359) publicado de manera litográfica, siendo ésta, con toda probabilidad, la primera vez que se reproducía de manera más o menos completa un manuscrito gregoriano con notación musical in campo aperto, es decir, sin ninguna línea de referencia como pautado, clave u otro elemento de ayuda a la lectura diastemática o interválica. Esta publicación formaba parte de la efervescencia que por aquellos años se instaló en el continente, que obedecía por un lado al gusto por la bibliofilia y por otro a la intención de conocer los antiguos monumentos escritos de la humanidad. Y la invención de la fotografía hacía posible no tener que acudir directamente a la biblioteca –solo para estudios más pormenorizados, lo que es necesario aún hoy en día–, no tener que fiarse de la pericia de un calígrafo –profesión que con toda  probabilidad comenzaría su declive en esos momentos– y poder ver la reproducción de un original casi con su aspecto real.

Pero debajo de esta idea de publicación de las fuentes subyace una realidad mucho más profunda. Para la primera edición fotográfica de fuentes musicales, todo obedece a la polémica surgida en torno a las ediciones de canto llano vigentes en el último tercio del siglo XIX. Por un lado la edición de la casa Pustet de Ratisbona, heredera directa desde 1868 de la Editio Medicea, considerada como la "recomendada por la iglesia", edición oficiosa que los mas interesados situaban bajo el cuidado de Palestrina. En realidad se trataba de la reedición última de un original salido de la imprenta romana de los Medici en Roma en 1614, bajo los auspicios del Concilio de Trento –eso sí, ¡... 51 años después de finalizado éste...! (Cf. Figura 1) –. Se trataba de una edición en la que se muestra el pensamiento de los hombres del Renacimiento y su postura frente al canto litúrgico medieval, su estética y su composición... Muchas de sus características no cuadraban en las aspiraciones de ese momento y se decidió "reformar, cambiar, actualizar las melodías..." al gusto de la época. Es cierto que la primera revisión se encomendó a Palestrina (+1594) y a Annibale Zoilo (+1592), pero el trabajo de revisión fue concluido por Felice Anerio (+1630) y Francesco Soriano (+1621). Nada sabemos a ciencia cierta del papel de Palestrina quien, prudentemente, se retiró de esta labor.

Fig. 1. Introito Ad te levavi. Editio Pustet (1868)

Fig. 1. Introito Ad te levavi. Editio Pustet (1868)

A partir de su publicación, la Medicea fue considerada como edición "oficiosa", y como tal debió ser adquirida por multitud de centros eclesiásticos pero nunca, o casi nunca, usada en el oficio coral. Muchas son las razones que pueden argumentarse al respecto. En lo que al caso español se refiere, debido a la proliferación de los libros de coro de gran formato, muchos de ellos escritos durante el siglo XVI, no fue bien acogida la reforma, y en la mayoría de los lugares se continuó cantando desde los libros propios cambiando algunas cosas según el gusto y la estética imperante, pero manteniendo las antiguas fuentes. Del celo con el que algunos hispanos se enfrentaron a los posibles cambios da buena cuenta el diplomático y compositor cordobés Fernando de las Infantas (+ca. 1610), embajador en Roma, quien siguió muy de cerca los primeros trabajos de la futura Editio Medicea, denunciando algunos abusos en los que se mezclan el purismo musical y las razones económicas y aún políticas del momento. Ésta era la edición imperante de manera general en el s. XIX. Frente a ella, las nuevas ediciones de los monjes de Solesmes, resultado de sus investigaciones en pos de la recuperación de las primitivas melodías, fueron utilizadas solamente por los benedictinos de la congregación de Francia, pero aspiraban a difundirse por toda la cristiandad como prueba de la posibilidad de retorno a las antiguas melodías. Los primeros resultados de estas investigaciones comenzaron a ser tomados más en serio sobre todo a raíz de la edición en 1883 del Liber Gradualis de Dom Joseph Pothier (+1923), monje solesmense y autor de gran parte de los trabajos de restauración melódica y de un manual [2] en el que se resumía la filosofía de esos trabajos junto a las pruebas de cómo se podía conocer la lectura melódica de los neumas mediante la comparación de las notaciones in campo aperto con las diastemáticas. (Cf. Figura 2)

Fig. 2. Páginas iniciales del Liber Gradualis de dom Pothier (1883)

Fig. 2. Páginas iniciales del Liber Gradualis de dom Pothier (1883)

Pero conozcamos antes un poco del trabajo de los monjes. Desde el primer momento gran parte de sus investigaciones fueron cuestionadas por muchos de los musicólogos de la época –entre ellos nuestro Barbieri (+1894) – quizás por incredulidad y poco conocimiento de las labores que los monjes llevaban ya décadas realizando, impulsados por su abad restaurador Prosper Guéranger (+1875). Desde su juventud, su principal sueño fue ver reinstaurada la liturgia romana en Francia. En 1833 restaura un pequeño priorato cerca de Le Mans, que cuatro años más tarde se convertirá en la abadía de Solesmes. Guéranger no era músico, pero tenía una extraordinaria capacidad para la ciencia litúrgica. Sus publicaciones hicieron que se ganara el respeto de muchos de los círculos que clamaban por una verdadera reforma. Como no conocía la ciencia del canto ni de la musica, buscó dentro sus propio monasterio los hombres más competentes para llevar a cabo su propósito. El primero de ellos sería Paul Jausions (+1870?) quién, por orden de su abad, copió de su puño y letra un manuscrito, el Processional inglés de Santa Edith de Wilton conocido como el Processional de Rollington del s. XIII, inaugurando así las copias que en el futuro formarían la colección de manuscritos solesmenses. En 1860 se le uniría el antes citado Joseph Pothier. Para entonces en Solesmes se empezaba a crear un estilo de canto propio que se puede resumir en una frase del canónigo Agustín Gontier de la diócesis de Le Mans [3]: "La regla que domina todas las reglas es que, excepto en la melodía pura, el canto es una lectura inteligente, con buena acentuación, buena prosodia y buen fraseo...". Sobre esta manera de ejecución se fundamentaría gran parte del trabajo de restauración del canto gregoriano.

En 1862 dom Jausions se trasladó a la biblioteca de la ciudad de Angers para copiar un libro completamente notado en neumas in campo aperto mientras dom Pothier se aplicaba en la traducción melódica de los neumas del Cantatorium de san Galo que, como ya hemos dicho, había publicado en facsímil unos años antes el jesuíta Lambillotte. Ambos monjes hicieron suyo el principio de dom Guéranger: “Sólo podemos tener la certeza de haber encontrado la frase gregoriana de una pieza concreta en toda su pureza, cuando los manuscritos de varias iglesias alejadas entre sí concuerden en la misma lectura". Comenzaron a aparecer así sus primeros trabajos que los veinte años siguientes se orientaron a la preparación de libros de canto para la Congregación de Solesmes. El Liber gradualis de 1883 presentaba una notación propia que incorporaba caracteres de los manuscritos franceses de los siglos XIII-XIV, pero que además introducía elementos nuevos a imitación de los propios manuscritos neumáticos medievales, sentando así las bases para la notación del canto gregoriano más difundida desde entonces.

Unos años antes de la publicación de la edición del Liber gradualis, en 1875 un joven violonchelista llamado André Mocquereau (+1934) ingresa en la abadía. (cf. Figura 3) En 1882 es encargado de la dirección de la Schola del monasterio y por esos años empezaba a madurar la idea de publicar una colección de facsímiles que con el título de Paléographie Musicale presentara a toda la comunidad científica las pruebas del trabajo de los monjes y desterrar así la idea imperante de que “…neumis sine lineis, quasi puteus sine fune…” es decir, de neumas sin líneas, como pozo sin cuerda… nada se puede sacar, dejando claro que los intentos de transcripción de las primitivas melodías eran poco menos que una invención.

Fig. 3. Dom André Mocquereau, fundador de la Paléographie Musicale

Fig. 3, Dom André Mocquereau, fundador de la Paléographie Musicale

Inspirado en los antiguos grabados publicados por Martin Gerbert (+1793), el p. Martini (+1784), Pierre B. de Jumilhac (+1682), John Hawkins (+1789), Johann N. Forkel (+1818) o la más reciente copia manuscrita de Lambillotte, tras sortear las dificultades económicas que un proyecto de esta envergadura lleva consigo y la delicada elección del primer manuscrito que debía reproducirse con la consecución de los permisos necesarios, en 1889 vio la luz el primer volumen de la colección que inicialmente se publicaba en fascículos que eran enviados a los suscriptores que costeaban la edición. Las dificultades fueron enormes. En esos momentos, además, los monjes se encontraban exclaustrados, viviendo en casas del pueblo debido a leyes civiles que dificultaban la vida de las congregaciones religiosas. A pesar de todo, la publicación salió adelante. Los pequeños fascículos se enviaron a los suscriptores entre los que se encontraban el ministro francés de Instrucción Pública y Bellas Artes –a cuyo nombre se suscribieron nada menos que cincuenta ejemplares–, ocho cardenales, el Nuncio apostólico en París, diecinueve obispos, tres personajes de la realeza –un príncipe y dos princesas–, numerosas Bibliotecas y Academias científicas estatales –entre ellas la Biblioteca de la Real Academia de la Historia de Madrid– y un gran número de particulares interesados. Entre los escasos suscriptores españoles, figuran el abogado, escritor y crítico musical madrileño José María Esperanza y Sola (+1905), el agustino escurialense Eustoquio de Uriarte (+1900), el prior de Santo Domingo de Silos –francés, a la sazón, dom Ildephonse Guepin (+1917) – y el director del Colegio de la Cruz de Madrid, José Fernández de Valderrama. El primer volumen constaba de una Introducción General escrita por dom Mocquereau, en la que se trataban cuestiones varias como la influencia de los nuevos procedimientos de reproducción fotográfica, el progreso de los estudios arqueológicos o la importancia de los tratados teóricos en la restauración, pasando por la Filología y la Paleografía musicales y la importancia de su conocimiento para llevar a cabo estas labores. A continuación aparecía un estudio del manuscrito reproducido –el códice 339 de la biblioteca de san Galo, un gradual del s. XI– seguido de un amplio capítulo dedicado al origen y clasificación de las diferentes escrituras neumáticas. (Cf. Figura 4) Muchos de los contenidos de esta introducción eran absolutamente novedosos y originales. En ellos se explicaba el sistema notacional escogido por Solesmes. En la actualidad, la colección, cuyo título completo es Paléographie Musicale. Les principaux manuscrits de chant grégorien, ambrosien, mozarabe, gallican publiés en fac-similés phototypiques par les Bénédictins de Solesmes, sigue su curso, siendo la decana de las publicaciones de facsímiles musicales y una de las colecciones más antiguas, todavía activas, de su género. [4] Durante una primera época, los volúmenes iban precedidos de unos amplios estudios de tipo general sobre distintas materias relacionadas con el canto gregoriano (ritmo, notación...).

Fig. 4. Paléographie Musicale, vol. 1 (1889), p. 1, Introito Ad te levavi

Fig. 4. Paléographie Musicale, vol. 1 (1889), p. 1, Introito Ad te levavi

Tras dom Mocquereau, los distintos directores del Atelier de Paléographie del monasterio [5] han continuado con las ediciones facsímil de manuscritos de la colección que actualmente lleva publicados 25 volúmenes repartidos en dos series. El más reciente ha aparecido en enero de este mismo año 2014, primer volumen de la colección con la reproducción del manuscrito en color. (cf. Figura 5) A excepción de los volúmenes II y III, las ediciones reproducen manuscritos completos, o al menos las partes imprescindibles [6] para el estudio de las piezas de canto que luego figuraría en las ediciones para uso coral, omitiendo en ocasiones las partes finales de los manuscritos que contenían troparios o prosarios. Los tomos II y III reproducen una sola pieza, el gradual Justus ut palma de acuerdo a más de doscientos cincuenta testimonios manuscritos de los siglos X al XVII. Con la decisión de dedicar dos volúmenes completos a esta impresionante lista, dom Mocquereau intentaba demostrar a la comunidad científica la calidad del trabajo en el Atêlier y convencer a las autoridades eclesiásticas de la necesidad del retorno a las fuentes para restaurar definitivamente las melodías gregorianas.

Fig. 5. Portada del último volumen de la Paléographie Musicale (ed. 2014)

Fig. 5. Portada del último volumen de la Paléographie Musicale (ed. 2014)

La colección ha contribuido también a conservar manuscritos que, por una u otra razón, hoy se han perdido. La historia europea durante el siglo XX ha traído consigo algunas catástrofes humanas y materiales. Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, los manuscritos de las bibliotecas de Chartres (Francia) fueron llevados al castillo de Villebon, edificio aislado en medio de un bosque. Con la ocupación nazi, éstos decidieron su retorno a Chartres para facilitar, según ellos, la consulta a los eruditos extranjeros, reintegrándose a su lugar de origen en diciembre de 1940. Así, el 26 de mayo de 1944, a las numerosas víctimas que causó un bombardeo hubo que añadir la Biblioteca Municipal, que fue completamente destruida. Algunos manuscritos pudieron salvarse de las ruinas en un deplorable estado. No fue el caso del ms. 47, un gradual del s. X escrito en neumas bretones, uno de los testimonios más antiguos de notación musical. Gracias a que había sido reproducido en 1912 en el volumen XI de la colección, hoy conservamos al menos su reproducción en blanco y negro. Años más tarde, y como homenaje a un amigo de la abadía, el canónigo Yves Delaporte vería la luz el volumen XVII, consagrado a los fragmentos de Chartres que, reproducidos en el archivo de Solesmes, habían sobrevivido en fotografías a aquellos amargos días del final de la Segunda Guerra Mundial. Otros casos, como el volumen XVI, el gradual de Mont-Renaud, actualmente en una colección privada, sería de difícil acceso a no ser por su publicación en la colección.

De la misma manera que los pioneros estudios de los monjes comenzaron a motivar a otros especialistas, el tiempo ha demostrado que es necesaria la colaboración de musicólogos externos al monasterio que, con sus conocimientos y colaboraciones en nuevos volúmenes, enriquezcan la colección. Prueba de ellos son los tomos XXI y XXI de la primera serie encomendados a los expertos en repertorio beneventano, profesores Thomas F. Kelly y Katarina Livljanic. Esta última acaba de publicar el ms 542 del Archivo de la Abadía de Montecasino, por primera vez en color dentro de la colección.

 

Lista de los volúmenes publicados en la colección Paléographie Musicale:

  • PM I: Paléographie Musicale, vol. 1, Le Codex 339 de la Bibliothéque de Saint-Gall (Xe siècle): Antiphonale Missarum Sancti Gregorii, Solesmes, 1889
  • PM II: Paléographie Musicale, vol. 2: Le Répons-graduel Justus ut palma, réproduit en fac-similé d'aprés plus de deux cents antiphonaires manuscrits du IXe au XVIIe siècle, Solesmes, 1891
  • PM III: Paléographie Musicale, vol. 3: Le Répons-graduel Justus ut palma. Deuxième partie, Solesmes, 1892
  • PM IV: Paléographie Musicale, vol. 4: Le Codex 121 de la Bibliothèque d'Einsiedeln (IXe-Xe siècle): Antiphonale Missarum Sancti Gregorii, Solesmes, 1894
  • PM V: Paléographie Musicale, vol. 5: Antiphonarium Ambrosianum du Musée Britanique (XIIe siècle), Codex Additional 34209, Solesmes, 1896
  • PM VI: Paléographie Musicale, vol. 6: Antiphonarium Ambrosianum du Musée Britanique (XIIe siècle), Codex Additional 34209, Transcription, Solesmes, 1900
  • PM VII: Paléographie Musicale, vol. 7: Antiphonarium tonale missarum, XIe siècle: Codex H. 159 de la Bibliothèque de l'École de Médecine de Montpellier, Solesmes 1901
  • PM VIII: Paléographie Musicale, vol. 8: Antiphonarium tonale missarum, XIe siècle: Codex H. 159 de la Bibliothèque de l'École de Médecine de Montpellier, Phototypies, Solesmes 1901-5
  • PM IX: Paléographie Musicale, vol. 9: Antiphonaire Monastique, XIIe siècle: Codex 601 de la Bibliothèque Capitulaire de Lucques, Solesmes, 1906
  • PM X: Paléographie Musicale, vol. 10: Antiphonale Missarum Sancti Gregorii, IXe-Xe siècles: Codex 239 de la Bibliothèque de Laon, Solesmes, 1909
  • PM XI: Paléographie Musicale, vol. 11: Antiphonale Missarum sancti Gregorii, Xe siècle: Codex 47 de la Bibliothèque de Chartres, Solesmes, 1912
  • PM XII: Paléographie Musicale, vol. 12: Antiphonaire Monastique, XIIIe siècle: Codex F. 160 de la Bibliothèque de la Cathédrale de Worcester, Solesmes, 1922
  • PM XIII: Paléographie Musicale, vol. 13: Le Codex 903 de la Bibliothèque Nationale de Paris, fonds latins (XIe siècle): Graduel de Saint-Yrieix, Solesmes, 1925
  • PM XIV: Paléographie Musicale, vol. 14: Le Codex 10673 de la Bibliothèque Vaticane  (XIe siècle), Solesmes, 1931
  • PM XV: Paléographie Musicale, vol. 15: Le Codex VI.34 de la Bibliothèque Capitulaire de Bénévent (XIe-XIIe siècles): Graduel de Bénévent avec prosaire et tropaire, Solesmes, 1937
  • PM XVI: Paléographie Musicale, vol. 16: Le Manuscrit de Mont-Renaud, Xe siècle: Graduel et antiphonaire de Noyon, Solesmes, 1955
  • PM XVII: Paléographie Musicale, vol. 17: Fragments des manuscrits de Chartres, réproduction phototypique: Présentation par le chanoine Yves Delaporte, Solesmes, 1958
  • PM XVIII: Paléographie Musicale, vol. 18: Le Codex 123 de la Bibliothèque Angelica de Rome (XIe siècle). Graduel et tropaire de Bologne, Solesmes, 1969
  • PM XIX: Paléographie Musicale, vol. 19: Le manuscrit 807, Universitätsbibliothek Graz (XIIe siècle): Graduel de Klosterneuburg, Solesmes, 1974
  • PM XX: Paléographie Musicale, vol. 20: Le Manuscrit VI-33, Archivio Arcivescovile Benevento: Missel de Bénévent (début du XIe siécle), Berne, 1983
  • PM XXI: Paléographie Musicale, vol. 21:  Thomas Forrest Kelly, Les Témoins Manuscrits du Chant Bénéventain, Solesmes, 1992
  • PM XXII: Paléographie Musicale, vol. 22: Le Codex 21 de la Bibliothèque Capitulaire de Bénévent: Antiphonale Monasticum (XIIe-XIIIe s.), Solesmes, 2001
  • PM XXIII: Paléographie Musicale, vol. 23: Katarina Livljanic, Montecassino, Archivio dell’Abbazia, Ms. 542, Antiphonaire (XIIe siècle), Solesmes, 2014
  • PM IIª serie/I: Paléographie Musicale, 2ª serie, vol. I: Antiphonaire de l'office monastique transcrit par Hartker, Mss. Saint-Gall 390-391 (980-1011), Solesmes, 1900
  • PM IIª serie/II: Paléographie Musicale, 2ª serie, vol. II: Cantatorium, IXe siècle; nº 359 de la Bibliothèque de Saint-Gall, Solesmes, 1924

 

Bibliografía

ASENSIO, Juan Carlos, El Canto Gregoriano. Historia, liturgia, formas… Alianza, 2003 (reed. 2011)

BAROFFIO, Giacomo G. "Il Concilio di Trento e la Musica", Musica e Liturgia nella Riforma Tridentina, Provincia Autonoma di Trento, 1995, pág. 9-17

BERGERON, Katherine, Decadent Enchantments: The Revival of Gregorian Chant at Solesmes, Berkeley, 1997

COMBE, Pierre, Histoire de la Restauration du Chant Grégorien d'après des documents inédits. Solesmes et l'Édition Vaticane, Solesmes, 1969

HILEY, David, Western Plainchant. A handbook, Clarendon Press, Oxford, 1993

HUGLO, Michel, ----, "Bilan de 50 de recherches (1939-1989) sur les notationes musicales de 850 à 1300), Acta Musicologica 62, 1990, pag- 224-59

MOLITOR, Raphael; Die nach-Tridentinische Choralreform zu Rom, 2 vols. Leipzig, 1901-2

SAULNIER, Daniel, "1990-2000: Dix ans de recherches grégoriennes à Solesmes", Analyse Musicale 41, pág. 95-102

 

1 París, Poussielgue, 1851, reimp. Brussels; Greuse, 1867

2 Les mélodies grégoriennes d’après las tradition, Tournai, Desclée, 1880

3 Méthode raisonnée de plain-chant, Le Mans-Monnoyer,1859

4 La colección prácticamente completa se encuentra a disposición de los usuarios en la Biblioteca de la ESMuC

5 Hasta el momento, Dom Joseph Gajard (+1972), Dom Jean Claire (+2006), Dom Daniel Saulnier (hasta 2010) y actualmente Dom Patrick Hala

6 O al menos lo que en ese momento se consideraba imprescindible para el estudio del repertorio. Muchas cosas han cambiado desde entonces y algunas de las secciones de los manuscritos que entonces no se reprodujeron hoy tienen un interés creciente.

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